domingo, 3 de septiembre de 2017

El Sello en el Siglo XXI

En un mundo dominado por internet y las redes sociales, parece complicado imaginar que en otro tiempo, las imágenes y la comunicación viajaban a través de formatos hoy cada vez más en desuso, como el de la tarjeta postal. Si ahora estamos acostumbrados a compartir los itinerarios y andanzas de nuestros más allegados, casi en tiempo real, disfrutando de las instantáneas que continuamente se suben a las diversas plataformas y soportes digitales, de modo que podemos hacer turismo sin movernos de la pantalla de nuestro ordenador, visitando lugares y ciudades de todo el mundo, a primeros del siglo XX, también había quienes querían viajar sin salir de su casa y poseer su propia colección de vistas procedentes de los más variopintos países. Las cadenas y ruedas de envío de tarjetas postales fueron muy populares en la pasada centuria, las llamadas "tarjetas cruzadas", y todavía siguen existiendo, adaptadas a los nuevos tiempos, como atestigua el artículo que puede leerse en el siguiente enlace, publicado en el Diario El País, donde se explica en qué consiste actualmente el "Postcrossing":

Cualquiera podía participar en estas cadenas de envío masivo de tarjetas, y así, en poco tiempo, recibir en su domicilio cientos de ellas. Bastaba facilitar la dirección, y comprometerse a enviar a su vez las correspondientes postales a otros múltiples destinatarios. Así se garantizaba la continuidad de la rueda. Lo de menos era el mensaje; de hecho, la mayor parte de las tarjetas no contenían comunicación alguna. 

¿Qué ha pasado después con aquellas colecciones? Seguro que muchas se perdieron, otras, quedarían en la misma familia, olvidadas en viejas cajas, en cualquier esquina de un trastero o desván, pero también hubo las que pasaron a manos diferentes, llegando a entrar en el círculo de la compra-venta de papel antiguo. Precisamente esto último es lo que debió pasarle a las tarjetas que a continuación reproduciré y que tienen como denominador común la coincidencia en cuanto a la persona de su destinatario, Eliseo Sergio Perera, residente en la localidad de Matanzas, en la isla de Cuba. Muy probablemente, sus herederos terminaron deshaciéndose de esas viejas postales, que adquirió luego alguna tienda o marchante filatélico y que acabaron distribuidas por los distintos canales del mercado del coleccionismo.



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